MARKETINGDENCIAS
El pasado lunes en el aula estuvimos comentando el libro Marketingdencias, de Sara Villegas.
Dividimos la clase en seis grupos, cada uno tenía que leer un capítulo del libro, elegidos previamente por el profesor.
La actividad resultó muy interesante, en seguida sabrán por qué.
Nuestro capítulo, por ejemplo, se titulaba "Marketing con orgullo, ¿entiendes?".
La escritora comienza proponiendo un juego: nosotros somos empresarios y buscamos al que sería nuestro cliente ideal. Este cliente tendría que tener dinero, unos ingresos superiores a la media, tendría que tener pocas cargas en las que gastarse el sueldo, es decir, que no tuviese niños que mantener, colegios que pagar... También tendría que ser un consumidor que gastara el dinero sin pensarlo mucho, sin remordimientos, que fuera un consumidor impulsivo, que le gustara gastar por placer y que disfrutara probando nuevas marcas.
¿Verdad que suena casi imposible que una persona pueda cumplir todos estos requisitos? Pues bien, la escritora nos dice donde encontrar miles de estos consumidores, y no se lo creerán. Los podemos encontrar el próximo 28 de junio en cualquier ciudad en el Desfile del Orgullo Gay, ni más ni menos.
Los homosexuales son, según la escritora, el sueño de cualquier marca. y no está nada equivocada.
En España, un 6'5 % de la población es homosexual, casi 4 millones de gays y lesbianas, con una capacidad de compra de 72.000.000.000 euros, lo que equivale a la suma del PIB de Valencia y Baleares.
Debido a esto hay millones de marcas rendidas a este grupo de personas.
La tendencia comenzó en el sector del ocio, centrando la oferta en bares, discotecas, hoteles... Pero actualmente la oferta se ha extendido a otros muchos sectores, como el de aerolínea. Compañías como Air Europa (pionera en esto) han lanzado tarjetas especiales para este sector de la población en las que ofrecen maravillosos descuentos, ofertas, promociones...
Y es que el mercado se pelea por ellos. Son muchas las compañías de aviones protagonistas de eventos para gays. Pero no solo en este ámbito, compañías bancarias también se están uniendo a este fenómeno lanzando tarjetas similares.
Parece ser que ser gay es un chollo, ¿no? No tienes que hacer nada, solo gastar y gastar unos ingresos que son tuyos y de nadie más. No tienes que compartirlos con nadie. Pero yo me pregunto hasta qué punto es moral esto.
Resulta que hay miles de familias que se las tienen que ver para conseguir un descuento mínimo, algún beneficio por el hecho de estar contribuyendo en el papel de la sociedad, están trayendo al mundo futuros puestos de trabajo, sueldos con los que pagar impuestos, impuestos que mantendrán la seguridad social, y otros derechos, como la jubilación de todos nosotros, incluidos los gays.
En mi humilde opinión, aquí el mercado está mostrándonos, una vez más, lo egoísta que puede llegar a ser. Y el Estado, como no, no podía faltar.
Sigamos desahuciando a miles de familias, sigamos ofreciendo descuentos a los gays para que se vayan de fiesta, pero, ¿y a las familias que no pueden dar de comer a sus hijos? Ni hablar, ellos se lo han buscado, si no querían hijos, que apechuguen. ¿Que no pueden pagar la comida? Qué pena. Ni un sólo descuento, ya hacemos bastante aguantando sus quejas.
Y así va España, señores. Y no me malinterpreten. No soy ninguna homófoba. No compartir no es sinónimo de intolerancia. Respeto, como deberíamos hacer todos. Y me parece genial que se ganen la vida y que disfruten de su dinero. Pero estarán de acuerdo conmigo que hay muchísima gente que lo necesita más.
Que la fiesta puede esperar, pero el cuerpo, cuando no tiene alimento, no te da ni un respiro.
Y es que el mercado se pelea por ellos. Son muchas las compañías de aviones protagonistas de eventos para gays. Pero no solo en este ámbito, compañías bancarias también se están uniendo a este fenómeno lanzando tarjetas similares.
Parece ser que ser gay es un chollo, ¿no? No tienes que hacer nada, solo gastar y gastar unos ingresos que son tuyos y de nadie más. No tienes que compartirlos con nadie. Pero yo me pregunto hasta qué punto es moral esto.
Resulta que hay miles de familias que se las tienen que ver para conseguir un descuento mínimo, algún beneficio por el hecho de estar contribuyendo en el papel de la sociedad, están trayendo al mundo futuros puestos de trabajo, sueldos con los que pagar impuestos, impuestos que mantendrán la seguridad social, y otros derechos, como la jubilación de todos nosotros, incluidos los gays.
En mi humilde opinión, aquí el mercado está mostrándonos, una vez más, lo egoísta que puede llegar a ser. Y el Estado, como no, no podía faltar.
Sigamos desahuciando a miles de familias, sigamos ofreciendo descuentos a los gays para que se vayan de fiesta, pero, ¿y a las familias que no pueden dar de comer a sus hijos? Ni hablar, ellos se lo han buscado, si no querían hijos, que apechuguen. ¿Que no pueden pagar la comida? Qué pena. Ni un sólo descuento, ya hacemos bastante aguantando sus quejas.
Y así va España, señores. Y no me malinterpreten. No soy ninguna homófoba. No compartir no es sinónimo de intolerancia. Respeto, como deberíamos hacer todos. Y me parece genial que se ganen la vida y que disfruten de su dinero. Pero estarán de acuerdo conmigo que hay muchísima gente que lo necesita más.
Que la fiesta puede esperar, pero el cuerpo, cuando no tiene alimento, no te da ni un respiro.
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